Libertad y autonomía en educación.

Como no podía ser de otra manera, el tema de la educación me preocupa. Pero últimamente más. Tengo la impresión (personal) de que la enseñanza pública no juega en las misma condiciones con la enseñanza privada. Me parece que esta última se está favoreciendo. El gran argumento que se esgrime en favor de la enseñanza privada (concertada o no) es la libertad. Desde luego me parece un buen argumento y desde aquí lo comparto pero con una aclaración.

No podemos negar, en la sociedad actual, el derecho de elegir el tipo de educación que queremos para nuestros hijos. Ni tampoco podemos negar, en una sociedad plural (y tolerante), el derecho a ofrecer un tipo de educación a la sociedad. Pero más allá de la libertad (que nos hace humanos) está la autonomía. Y esto es lo que ofrece la enseñanza público y que no puede ofrecer la enseñanza privada: una educación de y para todos. Por eso me parece que la educación (como la sanidad) es una responsabilidad del Estado que no puede transferir a nadie. Es la única forma ofrecer una enseñanza que no esté mediatizada por ningún interés particular (ideológico, religioso o económico).

Si queremos jóvenes educados en la tolerancia, habrá que ofrecerles una educación plural y como fin en sí misma. Si queremos formar jóvenes inquietos (intelectualmente) y con cierto toque de escepticismo (para que no den nada por sentado), si queremos jóvenes críticos y verdaderamente emprendedores (¿de verdad los queremos?), debemos ofrecer (como profesores) la multiplicidad de caminos y soluciones que existen en el mundo. Para ello, el profesor/a, también debe estar dotado de autonomía, no debe está mediatizado o ofrecer un pensamiento único (el que interesa)

En ocasiones, desde sectores particulares critican algunas asignatura (como Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos) porque según ellos fomenta el relativismo. Señores una cosa es el Relativismo (que se puede aceptar o no) como teoría y otra cosa bien distinta es la relatividad como hecho. Debemos aceptar el hecho de que cualquier posición es finita y nunca podrá ser absoluta, es imposible. Sólo así se entiende la tolerancia.

Este escrito no está pensado para eliminar la enseñanza privada (concertada o no) sino para hacer ver y notar que apostar por una educación pública tiene sentido y es el único camino si queremos que la educación sea un fin en sí mismo y no un medio.

El vicario saboyano.

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Archivado bajo Filosofía, Haciendo filosofía, Sobre la educación

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