¿Dónde está Sócrates?

 

Son malos tiempos para todo, es la verdad a la que nos enfrentamos todos los días últimamente. Pero pienso que estos tiempo de crisis están haciendo daño a la mentalidad la gente. Estoy percibiendo una peligrosa realidad: estamos tan cansados y tan asustados por la situación que algunos comienza a ver como normal y hasta bueno que se pisotee lo que se tenga que pisotear con tal de salir de la crisis. No voy a entrar en el origen de esta tendencia (que daría para mucho) pero si en el daño educativo que se está infringiendo a los que hoy están en las aulas de los institutos.

El primer signo preocupante es la desaparición de la pedagogía de la educación. Las nuevas leyes de educación no se plantean qué ser humano quiero formar. Me da la impresión que podemos sospecharlo fijándonos en la entrada en escena de las empresas en el mundo educativo. Pienso que entre los fines de la educación no está el ser productivo y por supuesto estos fines no podemos cuantificarlos puesto que son de otra naturaleza (por mucho que los que algunos se empeñen en someterlos bajo la tiranía del número). Eso sí, lo numérico es mas manejable (y más manipulable y mejor vendible). Decir que uno va al instituto a aprender parece que está fuera de lugar. Muchos se conforman con aprobar (al final los resultados corto plazo parecen ser lo que importante).

Otro hecho que me llama poderosamente la atención es la espantosa falta de actitud de diálogo y su sustitución por un dogmatismo nacido de conformarse con la opinión fácil. Escuchar y reflexionar como paso previo al propio pensamiento parece que algunos no tiene sitio. El arte de poder no tener razón no se práctica y así el diálogo es imposible. La consecuencia directa es que algunos oirán hablar del pensamiento crítico y autónomo pero jamás lo practicarán. Pensar por sí mismo comienza a ser una pequeña utopía para muchos.

Dar pasos atrás en el estudio de la humanidades (cultura clásica, latín, historia, filosofía) es un error de tal calibre que pone en duda la formación pedagógica de los que dirigen la educación. Los efectos no tardarán en salir. Mientras lograremos desigualdad también en los institutos y alumnos que dicen auténticas barbaridades quedándose tan tranquilos.

Un anuncio que se oye actualmente en la radio nos cuenta que la “mayéutica” es un término que ya está olvidado. Quizá sea este el origen de todo y necesitamos un nuevo Sócrates. Recuerden la frase de Stuart Mill: “prefiero a Sócrates insatisfecho que a un cerdo satisfecho” o las de Martin Heidegger : “Prefiero ser un Sócrates dubitativo, que un cerdo satisfecho“. Espero volver a los tiempos del auténtico diálogo donde enseñaba y también aprendía (tanto el profesor como el alumno).

Vicario Saboyano

 

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