El punto de genialidad de “Operación Palace”.

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Soy uno de  los millones de espectadores que vio el domingo el programa de Jordi Évole “Operación Palace”. Y aunque el ruido de las críticas (positivas y negativas) todavía es muy perceptible, creo que estoy en condiciones de formar un juicio sobre el programa.

Vaya por delante que, sin duda, considero que fue un grandísimo programa. Y por varios motivos. En primer lugar porque me pareció algo  distinto. Una apuesta arriesgada por ofrecer algo novedoso entre tanto programa y tanto concurso culinario refrito de otra cadena o simplemente la versión española de un concurso de éxito internacional.

En segundo lugar porque el programa estuvo fue el fruto de un gran trabajo y un gran esfuerzo. Un trabajo bien pensado, realizado de una forma muy profesional y que no engañaba a nadie. Creo que el objetivo de Évole  fue alcanzado satisfactoriamente . Creo sinceramente que cuando has visto un programa, un entrevista o una película y el final, no solo le da la vuelta a todo el contenido, sino que inicia un trabajo de reflexión personal lo convierte en un gran programa, una gran entrevista o una gran película.

Pero lo que me ha dado qué pensar no ha sido la vertiente  creativa o reivindicativa del programa sino una idea que no sé si Jordi Évole ha sido consciente. Si lo ha sido eso aporta más genialidad a su programa. Una vez que finalizó el programa, destapándose todo el sentido del programa me dí cuenta de que lo había logrado la ficción que Jordi Évole es que fuéramos reinterpretando los hechos objetivos (imágenes, expresiones y declaraciones que los que fuimos testigos directos hemos visto repetidas miles de veces) a la luz de la nueva historia que nos iban contando. Y como la cosa iba cuadrando y teniendo sentido, el conjunto era totalmente creíble. Es más, las declaraciones de los protagonistas se vestían con las ropas de la “autoridad” y no dejaban mucho lugar a la duda. Todo resultaba evidente, claro y distinto. Pero ya sabemos que la “evidencia” no es buen criterio para encontrar la verdad.

Ha sido un ejemplo de como los hechos cambian en función de la historia que los cuenta. Siempre he pensado que la Historia es la disciplina más manipulable y sin lugar a duda, la que más puede manipular (sobre todo a estudiantes de secundaria). Mucho más que la Filosofía (que por definición es una actividad racional y crítica que educa en el pensamiento lógico y autónomo). Lo curioso es que esto no sucede solo con con la Historia (a la que a partir de ahora miraré desde cierta relatividad, no relativismo) sino también, y sobre todo, con los datos estadísticos. Los números son objetivos pero la interpretación que se hace de ellos es plenamente subjetiva (y no puede ser nunca objetiva, ni universal ni necesaria). Una viñeta de El Roto decía: cuanto más me fijo en los números, más borrosa veo a la gente).

Una nota curiosa. A la misma hora en la que emitía el debate posterior al programa  de La Sexta, un programa de otra cadena ofrecía otras ficciones sobre lo ocurrido el 23-F pero de estas no se habla, ¿por qué?

En definitiva, no se si esto último se hizo consiente o inconscientemente pero me parece muy bueno y muy aprovechable en la clases de Filosofía (si es que la LOMCE lo permite). Mi  felicitación por un gran programa.

 

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Archivado bajo Filosofía y Ciudadanía, Haciendo filosofía, Sobre la educación

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